Por Sofía Gómez
06 / 03 / 2026 | 3 mins de lectura
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Más de la mitad de los millennials está buscando cualquier excusa para renunciar. No necesariamente porque ya tenga otro plan, ni porque esté activando una salida inmediata, sino porque algo más profundo parece estar pasando: una crisis silenciosa en la generación que hoy sostiene buena parte del mundo laboral.
Una nueva encuesta de la firma de formación profesional ELVTR muestra que el 55% de los millennials en Estados Unidos dice que todavía está definiendo su trayectoria profesional.
Y no solo eso: el 59% reconoce que a veces espera una razón externa, como un despido, para dejar un trabajo que no le gusta, incluso en un mercado laboral complejo.
No es un dato menor. Los millennials, nacidos entre 1980 y 1996, hoy representan el 36% de la fuerza laboral de Estados Unidos y concentran además gran parte de los cargos de gestión. Es decir, su malestar no es periférico: está en el centro mismo de las organizaciones.
El desenganche laboral viene mostrando señales más amplias. En 2025, solo el 31% de los trabajadores estadounidenses se declaraba activamente comprometido con su trabajo, una cifra que queda por debajo del 36% registrado en 2020. Y la caída no ha sido puntual: el compromiso viene retrocediendo año tras año desde entonces.
En el caso millennial, ese desgaste parece tener una explicación concreta. En 2020, el 42% decía tener oportunidades para aprender y crecer en su trabajo. En 2025, ese número cayó al 31%.
Todo esto ocurre en un momento especialmente incómodo para los empleadores. Las empresas enfrentan una desaceleración del crecimiento, mercados laborales más estrechos y una presión cada vez mayor por mejorar productividad a través de IA y automatización.
Al mismo tiempo, según Korn Ferry, los líderes muestran menos tolerancia hacia equipos desconectados, lo que eleva la tensión entre las exigencias de rendimiento y la moral interna.
Del otro lado, los millennials siguen priorizando el equilibrio entre trabajo y vida personal. Hoy muchos están entre los 30 y 45 años, y parecen cada vez menos dispuestos a sacrificar tiempo personal a cambio de una promesa difusa de progreso.
La insatisfacción no significa fuga masiva. De hecho, solo el 25% afirma estar preparando activamente un cambio de rumbo profesional. La mayoría no está armando las maletas, pero tampoco parece estar completamente presente.
Ahí es donde entra un factor decisivo: la confianza. Los datos de Korn Ferry muestran que confiar en el liderazgo puede marcar la diferencia. En su encuesta Workforce 2025, el 80% de los trabajadores dijo que se quedaría en un puesto porque confía en su gerente.
La foto que dejan estas encuestas es incómoda, pero bastante clara: la fuerza laboral se mantiene en su lugar, aunque cada vez más desconectada. Y para las empresas, el mayor riesgo no parece ser una ola inmediata de renuncias, sino algo quizás más difícil de detectar a tiempo: una caída en la productividad del grupo más grande de su fuerza laboral.
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