Por Sofía Gómez
14 / 04 / 2026 | 3 mins de lectura
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Luis von Ahn, CEO de la plataforma, reveló la táctica de guerrilla que utilizó para descartar a un CFO tras un año de búsqueda. ¿La razón? Su trato hacia el conductor del taxi.
En la carrera por el talento, las empresas suelen cegarse con los títulos de Harvard y las métricas de crecimiento. Pero en Duolingo, el proceso de selección tiene un filtro que no aparece en ningún manual de RR.HH.: la opinión del taxista.
Luis von Ahn, director ejecutivo de la compañía, soltó una bomba de honestidad en el podcast The Burnouts que debería hacer temblar a más de un ejecutivo con exceso de ego.
Reveló que, para puestos de alta responsabilidad, la entrevista no ocurría en una oficina vidriada, sino en el trayecto del aeropuerto.
La historia es de esas que duelen en el orgullo profesional. Duolingo llevaba un año buscando un Director Financiero (CFO).
Encontraron a alguien que les gustaba a todos, con un currículum sólido, impecable, casi diseñado en un laboratorio de talento. Pero el CEO tenía un as bajo la manga: le pagaba a los taxistas para que reportaran cómo eran tratados por los candidatos.
"En Duolingo, los taxistas eran determinantes a la hora de decidir si se contrata o no al candidato. Una parte de la entrevista para nosotros era cómo trataban a su conductor", sentenció Von Ahn.
El candidato "perfecto" resultó ser grosero con el chofer durante el viaje a la oficina. ¿El resultado? Un año de búsqueda tirado a la basura y un "no" rotundo.
Para Von Ahn, la lógica es pura eficiencia operativa, no solo moral. La premisa es que la verdadera personalidad de un líder sale a la luz cuando interactúa con alguien que considera "irrelevante" para sus objetivos.
La frase de Von Ahn que está incendiando las redes es una declaración de guerra a la cultura de la toxicidad corporativa:
"Cuando intentas contratar a alguien, es porque tienes un vacío en la organización que intentas llenar. Nuestra regla informal es que es mejor tener un hueco vacío que un imbécil".
Aunque la práctica se hizo viral y ha generado aplausos por priorizar la inteligencia emocional, no todos están convencidos.
En redes, el debate está servido: ¿es justo que el futuro de un ejecutivo dependa de la percepción subjetiva de un conductor? Algunos críticos sugieren que esto abre la puerta a sesgos personales que poco tienen que ver con la capacidad técnica.
Sin embargo, para Luis von Ahn, el riesgo de meter a un líder prepotente en el ADN de su empresa es mucho mayor que el de dejar una oficina vacía por unos meses más. "Nos esforzamos mucho en no contratar imbéciles", concluyó.
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