Por Sofía Gómez
27 / 11 / 2025 | 5 mins de lectura
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Cuatro desarrolladores —amigos, excompañeros de universidad y colegas— lograron transformar 36 horas de presión, códigos y validaciones técnicas en un producto sólido y funcional.
Con un enfoque estratégico en nicho, una prueba de concepto decisiva y una demo que no falló, Safeline se convirtió en la solución ganadora de la Platanus Hack 2025, destacando por su capacidad para abordar un problema real: las estafas telefónicas y la necesidad de herramientas de IA que las prevengan en tiempo real.
Una semana antes del evento ya se habían reunido, para hacer una planificación.
Antes del evento se juntaron para mapear herramientas de IA, discutieron roles, restricciones y posibles escenarios.
“Yo me preparé un mes”, explica Dafne Arriagada. “Quería que el foco fuera el producto y no terminar frenada por las tecnologías”.
En entrevista, los cuatro participantes relatan su paso por la hackathon, las luces y sobras para llegar a un producto ganador.
Valentina Campaña lo recuerda así: “Los temas fueron una sorpresa. Además, Carlos no estaba presencial en ese momento. Tuvimos que decidir por WhatsApp y te dan poquísimos minutos”.
“Yo pensé que muchos se iban a ir por el nuestro”, dice Emilio Izzo. “Pero no. Así que al menos ahí no corrimos”.
Peor fue elegir mentor: solo cuatro cupos por cada uno. Había que actualizar la página, esperar el timer y hacer clic en el segundo exacto. Todo bajo presión.
Finalmente quedaron en consumer AI. Y empezó la verdadera parte difícil.
Tras comer con el mentor, no tenían solución.
No tenían producto.
No tenían ni un punto de partida claro.
Se sentaron en su mesa y trabajaron hasta las cinco de la mañana.
Nada cuadraba.
“Nos fuimos a la casa sin seguridad”, dice Dafne.
“En la mañana tuvimos que pivotear. A las 10 cambiamos la idea. Técnicamente y emocionalmente fue súper desafiante”, explica.
Tenían solo 16 horas para construir algo viable. Y, peor aún, necesitaban convencerse a sí mismos de que lo que estaban proponiendo era realista.
“Había nervios de fondo”, explica. “Porque uno piensa: ¿y si nos damos cuenta a mitad de camino que no funciona?”.
Carlos Paredes lo describe como un punto de inflexión:
“La competencia era muy buena. Había equipos más fuertes técnicamente. Pero no tan enfocados en nicho. Como teníamos poco tiempo, esa limitación terminó siendo una ventaja”.
La primera idea era interesante, pero demasiado grande. Inabordable. La segunda —la definitiva— era simple, concreta y describible en una frase, explican.
“Me hizo click altiro”, dice Valentina Campaña. “Se sentía redonda. Pdíamos describir el producto en una frase”.
Con sueño, café y bebidas energéticas, avanzaron a ciegas. Emilio no durmió más de una hora y media.
“En esas condiciones se vuelve difícil saber si tus decisiones valen la pena”, reconoce. “¿Estoy eligiendo mal porque estoy cansado? ¿O porque la idea realmente no es buena?”.
La respuesta llegó a las 15:00 del sábado:
La prueba de concepto funcionó.
“Ahí nos casamos con la idea”, dice Carlos. “Era algo relacionado con telefonía, un área que ninguno había trabajado. Pero funcionó. Y ese fue el momento”.
Safeline —aunque todavía no tenía nombre— había nacido.
Entre sábado y domingo, nadie durmió. A las seis de la mañana, el equipo ya tenía casi todo listo.

Carlos recuerda el hito técnico: “El repositorio cerraba a las 9 de la mañana. Terminamos con anticipación”.
Mientras algunos equipos celebraban que su demo había funcionado recién faltando 20 minutos para entregar, ellos afinaban detalles.
Y sí: miraban al resto.
“Los equipos eran muy buenos”, comenta Dafne.
“En la noche conversé con algunos”, dice Emilio. “Varios estaban seguros de lo suyo. Eso te hace dudar más”.
Les tocó presentar de los últimos. Primero frente a los mentores del evento.
Luego, al quedar entre los 17 preseleccionados, frente al jurado.
Entre los nervios, algo gracioso le pasó a Carlos: “Estaba tan en modo pitch que se me olvidaba el nombre del producto”.
El pitch final era decisivo: tres minutos exactos para explicar problema, solución, demo y ambición futura.
Muchos equipos no lograron ejecutar sus demos. Ellos sí. Y eso, dicen todos, fue decisivo.
El anuncio de quiénes habían quedado seleccionados fue pasadas las 13:30 del domingo.
Valentina lo vio venir. “Sentía que habíamos hecho un buen producto, muy alineado con el tema. La demo salió bien”.
Dafne por su parte comenta que: “Uno se tiene fe, pero había equipos muy preparados. Cuando dijeron nuestro nombre fue emocionante”.
Habían ganado la hackathon.
Una hora después, volvierona presentar el Pitch. Este debía durar tres minutos como máximo.
Comentan que ese tiempo pasó volando y que la adrenalina los ayudó a mantenerse despiertos para finalmente escuchar la buena noticia: que habían ganado.
Además de obtener el primer lugar en su categoría obtuvieron el premio de la Platanus Hack.
La idea nace de un problema urgente: según cifras del Global Call Threat 2025, 3 de cada 10 llamadas en Chile son intentos de fraude.
Cada día, miles de personas reciben llamados que buscan engañar mediante peticiones de datos bancarios, presiones falsas o supuestas emergencias.
Frente a esto, el equipo se planteó un desafío mayor: ¿Cómo intervenir algo tan rápido, impredecible y humano como una llamada telefónica?
La respuesta fue Safeline: una plataforma que interviene la llamada, como una conferencia silenciosa, y agrega un agente de IA que:
Si la llamada pide datos sensibles o te apura de manera sospechosa, Safeline lo detecta.
Un guardia digital para el canal más vulnerable de todos: la voz.
Diego Costa (26) es Ingeniero Industrial en TI de la UC y trabaja hace más de un año en BUK como software engineer.
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