Por Sofía Gómez
10 / 12 / 2025 | 3 mins de lectura
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10 / 12 / 2025 | 3 mins de lectura
En el deporte profesional hay pocas escenas tan tensas como un pateador de alguna liga preparando un gol de campo: miles de personas mirando, cámaras encima, compañeros esperando que no falle, rivales deseando que sí, y un país entero opinando en redes sociales en cuestión de segundos.
Lo mismo ocurre con los miles de deportes, en donde el foco está en si logran hacer un punto.
Imagina vivir años así.
Eso fue la carrera de Brett Maher, quien se retiró en 2024 con una contradicción: fue récord histórico en goles de campo de más de 60 yardas y al mismo tiempo protagonista de una de las noches con más puntos extra fallados en la historia reciente.
Doce equipos lo dejaron ir, pero su porcentaje de aciertos lo mantuvo entre los mejores.
Y ahí está lo interesante: ¿cómo alguien que vivió entre el éxito y el escrutinio constante logró seguir actuando bajo presión sin quebrarse?
La respuesta es más útil para la vida laboral de lo que parece.
Harvard Business Review entrevistó a Maher, y sus tácticas —algunas tomadas de psicología deportiva— funcionan igual para gerentes, equipos y cualquier persona que enfrenta decisiones críticas.
Maher partió su carrera obsesionado con lo que decía el público:
Las ovaciones le subían la moral y las críticas lo hundían.
Hasta que entendió que basar su estabilidad emocional en aplausos o quejas es una receta para el desastre.
Es por esto que aprendió a crear una “burbuja mental”: un espacio donde solo existe lo que él controla. Donde el foco no está en el resultado, sino en la siguiente mejora posible.
La autora Sarah Lewis llama a esto “blackness”: técnica que consiste en apagar voluntariamente las opiniones externas para darle espacio al pensamiento profundo.
En el mundo laboral, esto se traduce así:
Cuando estés frente a una decisión compleja o un proyecto de alto riesgo, cierra la ventana del ruido externo (y del interno).
No todo feedback es útil. No toda crítica viene de alguien con contexto.
Elige qué voces entran en tu cabeza.
Maher tenía un truco: celebrar cada patada antes de saber si entraba o no.
Para él, la jugada terminaba en el instante en que su pie tocaba el balón.
¿Entró? ¿Falló? Eso venía después.
Lo que importaba era: ¿ejecuté bien el proceso que practiqué?
El especialista en liderazgo JP Pawliw-Fry lo llama enfocarse en la “integridad de las entradas”: hacer impecable lo que controlas, aceptar lo que no.
En la NFL, existe una táctica llamada “congelar al pateador”: pedir un tiempo muerto justo antes de que ejecute. Es sabotaje psicológico en su máxima expresión.
¿Cómo lo enfrentaba Maher?
No peleando la interrupción, sino usándola a su favor:
Lo que podría ser un quiebre se transformaba en un reinicio consciente.
Maher sobrevivió años en el lugar donde fallar significa trending topic global. No lo hizo siendo perfecto, sino entendiendo tres cosas:
En contextos laborales donde cada decisión parece definitiva, su experiencia recuerda algo esencial: el desempeño bajo presión no es talento; es práctica, gestión emocional y método.
Y sí: aplica tanto para patear un balón como para presentar frente al directorio un lunes a las 9 AM.
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