De ordenar sus deudas a construir un negocio: cómo Francisco Ackermann convirtió el contenido financiero en trabajo

De ordenar sus deudas a construir un negocio: cómo Francisco Ackermann convirtió el contenido financiero en trabajo

Por Sofía Gómez

Partió como una necesidad personal y terminó convirtiéndose en un trabajo con resultados concretos. Buscando salir de sus deudas y ordenar sus finanzas, comenzó a consumir contenido digital —podcasts y libros— que le permitió aprender, respirar mes a mes y comprobar que cambiar la relación con el dinero era posible.

 

“Yo necesitaba salir de este ciclo vicioso que era gastar más de lo que ganaba y recurrí a podcasts”. En particular, uno llamado Neurona Financiera, del uruguayo Rodrigo Álvarez, fue el que inspiró a Francisco Ackermann.

 

Ese proceso no solo le dio estructura financiera, también una idea: si otras personas, incluso desde otros países, podían generar impacto real a través de contenido, él también podía hacerlo.

 

Así nació su primer podcast, llamado Aprende de Inversión Inmobiliaria, y una estrategia clara de creación de contenido con doble propósito: enseñar lo que sabía y, al mismo tiempo, ganar visibilidad profesional.

 

Lejos de ser un hobby, el contenido se transformó en una herramienta directa para su trabajo de aquel momento: atrajo clientes, fortaleció su relación con inmobiliarias, trajo nuevos proyectos y se tradujo en bonos y mejores ingresos.

 

Crear contenido, en su caso, fue construir valor sostenido y demostrar que también puede ser una vía laboral estable, con impacto económico real.

 

Fue en septiembre de 2020 cuando Francisco Ackermann probó contenido en Instagram.

 

  • ¿Cuáles fueron los primeros temas que llevaste a redes sociales?

Hablé primero del DFL2, que era un beneficio inmobiliario tributario. Yo pensaba que a nadie le interesaba el tema, pero agarró vuelo.

 

Después hablé de cómo comprar un departamento y que el arriendo logre cubrirlo. Empecé a hablar de lo que yo hacía en la empresa.

 

Ahí todavía no quería ser influencer, simplemente quería regalar mi conocimiento. Pero después me hice tan viral que pensé en que se podía educar a muchas personas.

 

  • ¿Cómo escalaste ese tipo de contenido?

Estos libros de propósito te dicen que pongas una meta clara, con números. Ese año la meta fue educar a 100 millones de personas.

 

Con eso en mente, me tenía que ampliar más para lograr que la gente se eduque. Dejé de hablar de inversiones inmobiliarias, incluí temas relacionados a cómo ahorrar con poca plata y cómo invertir en otros instrumentos.

 

También tuve que mejorar la modulación. Yo hablaba muy mal y empecé a hacer ejercicios. Además, trabajé en hablar un poco más neutro para ver si podía llegar a otras personas en Latinoamérica. Mi meta de 100 millones no estaba solo en Chile, claramente.

 

  • ¿Cuándo comienzas a ganar plata con esto?

El 2021 fue el primer hito. Aparece una marca. Antes habían llegado ofrecimientos, pero que no me interesaban (eran criptomonedas fraudulentas y casinos, que obviamente no le hago a ninguna).

 

Llega una empresa de verdad. Me dicen que les encanta lo que yo hacía y me ofrecen 1 millón por un contenido. Yo no lo podía creer, porque era un tercio de mi sueldo en un par de publicaciones.

 

Ahí entendí que esto también se podía monetizar. Esto para mí era un hobby que hacía en las tardes, pero con esto de que podrías generar ingresos, y como no soy filántropo ni multimillonario, esto podría financiarse.

 

Los pasos previos


Francisco Ackermann optó por una postura totalmente transparente con su audiencia. Actuó con cautela y, antes de aceptar su primer auspicio, decidió consultar directamente a los más de 100 mil seguidores que tenía en ese momento.

 

Les explicó abiertamente que crear contenido no era un acto filantrópico y que, para sostener el proyecto, existían dos caminos posibles: avanzar hacia un modelo de membresías o trabajar directamente con marcas.

 

La respuesta fue clara: el 96% votó por la segunda alternativa. Con ese respaldo, tomó una decisión clave para su proyecto: solo aceptaría colaboraciones con marcas que conociera, usara y comprendiera, alineando así la viabilidad económica con la confianza de su comunidad.

 

  • ¿Cómo organizaste tu trabajo para seguir creciendo?

Me puse un propósito. Yo subo 7 contenidos al día, todos los días de mi vida, desde que partí. No he parado desde ese entonces.

 

Pueden ser dos historias, dos reels, más un post en LinkedIn, otro en X. Pero yo tengo que estar presente en algún medio siete veces al día.

Cada uno tiene su fórmula, pero yo dije: no soy talentoso, pero si tengo disciplina voy a aplicar eso.

 

Dentro de todo eso, es importante ser elocuente, hablar bien, escuchar a la audiencia. Acá no es solo suerte.

 

El origen de Peras y Finanzas

 

En 2021 recibió una invitación que marcaría un antes y un después. Lo llamaron para participar en un podcast y, aunque hoy pueda parecer natural, en ese momento fue un verdadero honor.

 

Ackermann ya tenía el suyo; era medianamente conocido, pero seguía siendo un proyecto muy artesanal: grababa y editaba solo, dos veces por semana, desde su casa.

 

Usaba únicamente programas gratuitos y dedicaba largas horas al trabajo, aprovechando que en ese entonces no tenía hijos y podía quedarse hasta tarde afinando cada episodio, recuerda.

 

El podcast al que lo invitaron pertenecía a una productora nueva llamada JP2, formada por dos jóvenes que recién estaban comenzando. Al llegar al estudio quedó impresionado por el nivel de producción y, con la curiosidad propia de alguien que ya llevaba tiempo creando contenido, les preguntó cómo pensaban hacer rentable el proyecto.

 

Ellos le explicaron que estaban en plena etapa de hacerse conocidos, buscando oportunidades. Fue ahí cuando lanzó una idea que parecía simple, pero terminó siendo decisiva: no tenía dinero para invertir, pero sí cierta visibilidad. ¿Por qué no hacer una alianza?

 

Así nació la propuesta de crear un programa conjunto: si conseguían auspicios, repartirían los ingresos. Sin demasiadas expectativas, pero con entusiasmo, decidieron intentarlo. De ese experimento nació Peras y Finanzas.

 

El acuerdo inicial fue, al menos, peculiar. Ackermann se definía como desapegado del dinero y propuso quedarse solo con el 10%, dejando el 90% para la productora. Ellos aceptaron felices.

 

Sin embargo, cuando llegó el primer auspicio —tres millones de pesos— la realidad golpeó la puerta. Con su primer hijo en camino, entendió que quizás no era tan desapegado como creía. Fue honesto y lo dijo tal cual: no era filántropo. La respuesta fue inmediata y sincera: ellos ya lo sabían y, de hecho, les había parecido extraño desde el inicio que aceptara quedarse con tan poco.

 

Ahí ajustaron el acuerdo a algo más equilibrado: dividir los ingresos en partes iguales. Ese modelo se mantiene hasta hoy.

 

Con el tiempo, Peras y Finanzas se consolidó como el podcast financiero más escuchado de Chile, posición que sigue manteniendo. Pero más allá de los números, lo que más lo mueve es otra cosa: así como alguna vez un podcast extranjero lo motivó a ordenar sus finanzas y cambiar su relación con el dinero, hoy recibe mensajes de personas que le cuentan que fue su programa el que los impulsó a dar ese mismo primer paso. Y ahí, todo vuelve a cobrar sentido.

 

 

  • Con el podcast abriste un mundo. Hay cada vez más contenidos y podcasts relacionados al mundo financiero. ¿Cómo lo ves?

Sí. Me alegro muchísimo porque significa que se empezó a abrir una industria, un espacio donde la gente aprende. Salió un ranking en YouTube de los 10 programas más escuchados en Chile y el décimo es Peras y Finanzas. Los primeros son todos relacionados al ocio.

 

  • ¿Cómo crees que cambiaste el escenario relacionado a llevar contenido que históricamente estaba en manos de espacios tradicionales o poco atractivos?

Esto nace genuinamente en base a mi propia necesidad y también en el contacto con los otros.

 

Haciendo encuestas a mi propia audiencia, conversando con otros, hay un fenómeno de personas que se meten en estos temas y se empiezan a enfrascar.

 

Comienzan a hablar en un lenguaje que piensan que todas las personas conocen. Usan el spanglish. Había algo estilo Wall Street chileno; se daba y todos lo dábamos por sentado. Cuando alguien decía “yo no sé cómo ahorrar”, la reacción era: “¡ay, la pregunta estúpida!”. Y no.

 

Nadie nace sabiendo. Estos temas se dan más en la educación privada y esas personas se olvidan que solo son un 4% del país.

 

  • ¿Qué otras lecturas hiciste para poder lograr el éxito con tu contenido?

Me puse a observar. Yo soy ingeniero comercial, con magíster en innovación, y nos pasaban mucho el tema de design thinking, en donde se incluían estas cosas de observación para encontrar oportunidades a partir de las deficiencias que podían haber en los procesos productivos.

 

Y dije: ¿Qué hace la gente? Llegan cansados a las casas y lo único que quieren es escuchar Morandé con Compañía. ¿Quién se lleva siempre la torta? El ocio. Porque la gente está agotada y es entendible.

 

Entonces yo dije: no puedo pensar y tener el ego tan grande en que voy a hacer un contenido de lujo para gente como yo. La lógica era pensar en cómo, a través de ese entretenimiento, podíamos enseñar algo.

 

Ese fue el desafío: cómo convertir la educación financiera en algo simpático, entretenido. Yo me basé en el humor.

 

Hay gente que ocupa el miedo y otros influencers son tajantes con datos para incomodarte.

 

Siempre tienes que generar una emoción.

 

  • Sobre la profesionalización de ser creador de contenido, ¿Cómo trabajas?

Hoy día el influencer financiero tiene un extra, a diferencia de otros creadores de contenido. Quizás sería bueno que todos lo tuvieran porque da seriedad, pero por el momento solo los que hablamos de finanzas tenemos una regulación.

 

La ley fintech incluyó a los influencers financieros de una forma súper pesada. Para ser creador de contenido financiero, que no sea tan básico, pero si tú das indicios de recomendación de inversión —que básicamente es si tú mencionas un depósito a plazo— ya para ellos es recomendación y entras en la categoría de asesor.

 

Entonces, tienes que dar la prueba de asesores de la CAF. Yo estoy certificado, tengo que hacer mis cursos de educación continua. Tuve que además crear una empresa y, a partir de enero, tengo que enviar informes a la CMF exponiendo los temas que abordo, por qué los hablo, declarar si hay platas entremedio con una empresa.

 

Eso no lo tienen todos los influencers, es una barrera de entrada nueva que tiene como objetivo filtrar.

 

  • ¿Y en términos de equipo?

Trabajo con dos personas. Una está encargada de grabar, editar videos, manejar la relación con los clientes y la creación de imágenes.

 

Y la otra persona es mi hermano; hermanager le pusimos. Él ve la relación con los clientes: cobra y consigue nuevos contratos.

 

  • ¿Y en relación a Peras y Finanzas?

Peras y Finanzas es una empresa por sí misma. Ahí están los socios y también hay un equipo detrás, con una persona que administra los invitados y otra persona que edita. Es un equipo de seis personas.

 

  • Ante la automatización y la llegada de la inteligencia artificial, en donde todos los datos están disponibles, ¿crees que el trabajo en redes sociales será algo de mayor valor en los próximos años?

La gente vive de conexiones. Somos seres sociales, aunque esté toda la información. Uno siempre quiere conectar; por eso hay un espacio tan grande para los creadores de contenido.

 

  • ¿Cómo mantenerse vigente ante tanta competencia?

Hay que estudiar. Las cosas van cambiando y yo he visto que hay creadores de contenido que llegaron a los 500 mil seguidores y después te fijas que en los últimos 10 meses no han tenido contenido relevante.

 

Uno tiene que adaptarse. Los gustos cambian y, por algo, Coca-Cola invierte miles de millones en marketing. Al igual que una empresa, si no te adaptas, te mueres. Yo fui pionero en los podcasts porque tuve suerte y yo consumía eso. Hoy en día no hay nadie que no piense en tener un podcast. Esto quizás después pase y va a ser otra cosa.

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