Por Spoiler
20 / 01 / 2026 | 5 mins de lectura
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Mucho antes de que conceptos como algoritmos, comunidades o creator economy entraran en el vocabulario cotidiano, María Ignacia Urzúa (Chiqui) ya estaba ahí.
Probando plataformas, escribiendo, leyendo y recomendando libros en espacios que hoy parecen casi arqueológicos: Tumblr, Blogspot, MySpace, Twitter.
No por estrategia ni por ambición de alcance, sino por afinidad. Por curiosidad. Por gusto.
Para ella, las redes sociales nunca fueron un problema en sí mismas. Al contrario: siempre las entendió como herramientas capaces de generar cambios profundos cuando se usan desde un lugar honesto.
Y esa lógica, más intuitiva que planificada, es la que explica el origen de Té con libros, una cuenta que nació sin grandes pretensiones y que terminó convirtiéndose en un punto de referencia para miles de lectores.
La pandemia fue el quiebre. El regreso forzado a Chile, planes pausados y tiempo libre inesperado. En medio de ese paréntesis, Chiqui Urzúa volvió a algo que había quedado relegado por la carrera de Derecho: la literatura.
Volvió también a las redes, casi como refugio. Cambió el nombre de una cuenta que usaba para otros fines. Le puso Té con libros —literalmente porque estaba tomando té y leyendo— y empezó a compartir recomendaciones.
Nada fue inmediato. Al principio, incluso, evitaba mostrarse. Publicaba solo fotos de libros, cuidando el anonimato, manteniendo distancia. No se sentía ni se siente parte del molde clásico de influencer.
Pero algo empezó a pasar cuando se animó a hablar, poner su voz, a aparecer. Sus opiniones funcionaban mejor cuando eran dichas que escritas.
Su forma de expresarse, entusiasmo y manera apasionada de contar lo que le gustaba empezó a generar conexión.
El crecimiento fue lento, orgánico, casi a contrapelo de las lógicas habituales de las redes.
Té con libros no nace como un proyecto de posicionamiento personal, sino como una extensión natural de un hábito: leer y recomendar desde el placer, no desde la obligación.
Busco mucho. Cuando organizo mis lecturas doy millones de vueltas en internet, redes. También, exploro lo que se está leyendo afuera en el extranjero.
No me enfoco mucho en las novedades. Generalmente recomiendo aquellos libros que están un poco en el olvido.
Me gusta encontrar esas joyas que están medias olvidadas y que en su minuto pasaron desapercibidas porque no se tomaron en las redes sociales.
Eso es lo que más mueve mi pauta: leer desde el deseo propio, ir en busca de lo nuevo y también de lo que estaba olvidado.
Me han pasado algunas anécdotas. Por ejemplo editoriales que me escriben para contarme que hay libros de los que hablo que estaban guardados en bodega, incluso a punto de ser enviados de vuelta en barco a otros países, y que, después de una recomendación, tuvieron que sacarlos nuevamente.
También me ha pasado que libros que recomiendo reaparecen más tarde en ediciones renovadas.
No sé si eso ocurre solo por mí. Puede ser que otras personas también los hayan recomendado, y no me atribuyo el crédito absoluto. Pero sí hay una coincidencia con mis recomendaciones.
La gente también me comenta que, a veces, va a buscar un libro que recomendé y no lo encuentra en ninguna parte. Los mismos libreros dicen: “Lo recomendó Té con libros, ya no lo tenemos”.
En los inicios yo era muy disciplinada, con estructura, metas. Hoy lo veo mucho más libre porque quiero hacerlo sostenible en el tiempo, si no esto se cae.
Llevo mucho tiempo en redes y este ciclo ya lo conozco. Ningún creador de contenidos es para siempre en términos de popularidad. Hay que disfrutar lo que uno hace. Si no lo disfruto, se pierden las recomendaciones, en mi caso.
Tengo metas, porque eso orienta pero no me sobreexijo. Mi contenido implica lectura. Trato de terminar un libro a la semana para mantener el ritmo, pero de repente es imposible y es parte de mi lado creativo. No tengo qué recomendar una semana pero sí puedo hablar de otras cosas relacionadas con el libro.
Hago todo yo, porque me encanta editar. Cuando chica tenía cámara y hacía teleseries con mis hermanos. Siempre he sabido usar programas de edición, desde muy chica. Lo hago todo desde mi celular.
No tengo una pauta, no escribo lo que diré salvo que sea una idea muy compleja y que podría generar un daño al libro, en esos casos pongo más ojo.
Mi contenido tiene una matemática muy simple y que tiene que ver con el valor de lo que estoy comunicando.
Sí, a mi me encanta la tendencia. Tengo Tik Tok, a pesar de no ser de la generación, me gusta saber qué están haciendo las nuevas generaciones, me gusta estar al día. Y siempre lo he pensado: si instagram muere, bueno me trasladaré a otro espacio.
Si el día de mañana todo pasa a ser por escrito y ya no queremos scrollear todo el tiempo, porque yo creo que en algún momento nos vamos a cansar de eso, yo también estaré ahí porque me apasiona comunicar algo que es tan sano como la literatura.
Me encanta que la gente diga que volvió a leer, eso es impagable.
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