Por Sofía Gómez
20 / 01 / 2026 | 6 mins de lectura
20 / 01 / 2026 | 6 mins de lectura
20 / 01 / 2026 | 6 mins de lectura
Cuando Valentina Pumpin abrió Happy Tooth, no tenía un presupuesto infinito ni una clínica terminada. Lo que sí tenía era una pregunta clara: ¿cómo se están mostrando hoy las clínicas dentales en redes sociales?
La respuesta fue Instagram.
Mientras su consulta aún estaba en construcción, Valentina empezó a grabar videos en su casa, con el celular, sin producción y con ideas simples.
Personajes improvisados, humor directo y una intuición muy afinada sobre qué le hacía sentido a ella. No buscaba parecerse a nadie. De hecho, buscaba todo lo contrario.
En un mundo de odontopediatras con feeds prolijos, científicos y solemnes, decidió salirse de la norma y explotar una faceta que conocía bien: la de la dentista extrovertida, creativa, sin miedo al ridículo.
No fue improvisación: fue una decisión calculada.
El resultado llegó con un reel —el de las carillas— que cambió todo. De 3 mil seguidores pasó a más de un millón.
Y con eso, no solo creció su audiencia: se llenó la agenda, posicionó la clínica y se confirmó algo clave para el futuro del trabajo profesional en redes sociales: hacer humor también puede ser una estrategia de negocio.
Totalmente. Es publicidad y es buena. Ha sido un muy buen descubrimiento esto de las redes sociales.
Todavía estoy en esa duda sobre cómo incluir contenido serio, porque mi línea claramente es el humor. Lo que sí he hecho es anclar mis perfiles para explicar el porqué te puedes atender conmigo.
Ahí explico que salí de buenas universidades, que tengo cercanía con los niños. Al final, eso es lo que vendo yo: el trato con los niños. La experiencia que entrego, que a los papás les interesa mucho más que mis títulos profesionales o conocimientos.
Los papás buscan un dentista cercano, que no le instale un trauma a los niños, porque muchas veces pasa eso. A la gente no le interesa tanto el contenido serio, le interesa muchísimo más que el odontopediatra sea amable. Yo creo que eso es algo único de mi área.
Si fuera un dermatólogo o un rehabilitador oral, elegiría otra cosa, pero en la odontopediatría una de las cualidades por las que te busca la gente es la cercanía.
Mi contenido es bien random. Subo de todo, me da lo mismo. A mí me interesa mi clínica y, mientras llene de pacientes, me da lo mismo lo que yo suba.
Yo quiero seguir explotando las redes sociales, pero para mí, mi tarea es ser odontopediatra y ponerle a mi clínica.
Yo no pierdo el sentido de que todo esto es en función de mi clínica.
Quiero crecer también haciendo productos, expandirse siempre en la línea de Happy Tooth, es decir, odontología cercana. Las redes sociales son un medio y no un fin.
Trato de hacer todo con el mínimo esfuerzo, porque mis tiempos cada vez son más acotados.
Esto lo paso por mi comité creativo, que son mi marido y mi asistente, para saber si estoy hablando estupideces o no.
El guion se me ocurre a mí, es bien rápido, las ideas van saliendo bien espontáneamente. No le meto mucha cabeza al tema de si será contenido viral o no. Yo trato de hacerlo lo más orgánico posible. Es lo que a mí me gusta, lo que a mí me hace sentido. Si a la gente no le gusta, no me importa tanto.
Hasta ahora ha funcionado. Creo que uno tiene que tener harta intuición en qué contenidos a uno le hacen sentido, siempre siendo original.
Mucha gente me manda videos y me dicen que los podría copiar. Yo no quiero copiar nada. Quiero que las ideas se me ocurran a mí. Eso se ha perdido un poco en las redes sociales.
El video de las carillas marcó un punto de inflexión inesperado. Hasta ese momento, Valentina tenía cerca de 3 mil seguidores y concentraba gran parte de su energía en Instagram, asumiendo que ahí estaba su público principal.
TikTok, en cambio, funcionaba más como un canal secundario, pensado solo porque sabía que lo consumían personas más jóvenes.
La viralización del video le permitió entender algo clave: el contenido que funciona en TikTok es completamente distinto al que rinde en Instagram.
También le mostró que su audiencia real no estaba llegando por el camino que ella había imaginado.
Suponía que serían las mamás quienes verían directamente sus videos, pero descubrió que el proceso era otro: eran los niños quienes se encontraban con su contenido en TikTok, lo compartían en sus casas y, a partir de ahí, las mamás terminaban agendando una hora.
Ese hallazgo cambió su forma de pensar la estrategia. El crecimiento ya no dependía solo de reforzar Instagram, sino de entender a TikTok como un canal clave, con códigos propios y una audiencia completamente distinta.
Hoy, ese aprendizaje se traduce en ajustes constantes: más intención en dirigir el contenido, el regreso de personajes como la “doctora carilla” y pequeñas modificaciones pensadas para generar nuevos picos de visibilidad, asumiendo que cada red social cumple un rol diferente en el camino hacia su clínica.
Es que yo estoy muy segura de mis capacidades, de mi currículum, que no me importa si me critican por ser payasa.
Al final del día, yo sé que estoy dando una atención profesional basada en la evidencia, con los mejores materiales y técnicas. Estoy actualizada. No me da vergüenza mostrarme un poco más loca porque, al final del día, las personas van a recibir una buena atención.
Pueden criticar que yo estoy haciendo poco seria la profesión, pero ¿Quién dijo que la profesión tiene que ser seria, especialmente en odontopediatría? Es más, yo creo que si eres una odontopediatra seria, lo estás haciendo mal.
Me han criticado, me han dicho que estoy loca, pero la verdad es que me da lo mismo. Yo me río mucho de lo que me dice la gente.
Las redes sociales se dan para que cualquier persona escriba lo que se le da la gana y, si uno se lo toma personal, las consecuencias pueden ser devastadoras.
Igual, al final del día uno apaga el celular y las redes sociales dejan de existir.
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