Por qué todo el mundo está citando otra vez la misma frase de Jensen Huang sobre la IA y electricistas

Por qué todo el mundo está citando otra vez la misma frase de Jensen Huang sobre la IA y electricistas

Por Teresita Rodríguez

Hay una frase que Jensen Huang, el CEO de NVIDIA lleva repitiendo desde hace más de un año, pero que esta semana volvió a circular con fuerza en LinkedIn y e medios especializados: la próxima gran ola de empleos de la IA no será para ingenieros de software, sino para electricistas, fontaneros y obreros de la construcción.

 

La razón por la que resurgió justo ahora tiene nombre y apellido: nuevos datos laborales publicados en los últimos días que muestran cuánto han subido los sueldos en oficios técnicos, le dieron a Huang la razón, otra vez.

 

Dónde lo dijo, y con quién

El origen de la frase no es nuevo. Huang la planteó el 21 de enero, en el escenario principal del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, en una conversación cara a cara con Larry Fink, CEO de BlackRock.

 

No fue una entrevista cualquiera: Fink le preguntó directamente si la IA y la robótica iban a eliminar trabajo o solo a cambiarlo.

 

Huang respondió con una metáfora que ya se volvió su sello: describió a la IA como un "five-layer cake", un pastel de cinco capas que va desde la energía y los chips en la base, hasta los modelos y las aplicaciones en la superficie.

 

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Para hacerlo más humano, Huang hizo una broma que también quedó grabada: dijo que si alguien los viera a él y a Fink haciendo su trabajo, "probablemente pensaría que los dos somos mecanógrafos".

 

Automatizar la tarea de escribir, remató, no elimina el propósito del puesto de ninguno de los dos.

 

Ese fue, básicamente, el argumento que usó para explicar por qué construir la infraestructura de la IA, fábricas de chips, centros de datos, redes eléctricas "es el mayor proyecto de infraestructura en la historia de la humanidad", y que ese proyecto necesita manos, no solo modelos de lenguaje.

 

Los datos que lo hicieron viral otra vez

Siete meses después de Davos, la frase volvió a moverse por redes porque llegó evidencia concreta que la respalda:

 

  • La consultora McKinsey proyecta que Estados Unidos necesitará 130.000 electricistas certificados adicionales entre 2023 y 2030, sumados a 240.000 obreros de construcción y 150.000 supervisores.
  • La firma de personal Randstad encontró que la demanda de oficios técnicos creció 27% en cuatro años, con las búsquedas de electricistas subiendo 18% y las de construcción, 30%, desde fines de 2022.
  • Según la plataforma de contratación Skillit, los trabajadores de construcción en proyectos de centros de datos ganaron en promedio US$ 81.800 a inicios de 2026, un 32% más que en obras comerciales comparables.

 

Huang no es el único que lo viene diciendo. El propio Fink llevó la advertencia más lejos: en una conferencia energética en Houston, contó que ya había planteado el problema directamente a integrantes de la administración Trump, advirtiendo que el país simplemente no tiene suficientes electricistas para sostener el ritmo de construcción que se viene.

 

La otra cara del problema: sobran títulos, faltan manos

Jim Farley, CEO de Ford, viene insistiendo en lo mismo desde otro ángulo, y con cifras más duras: calcula que a Estados Unidos le faltan 600.000 trabajadores de manufactura y 500.000 de construcción, y apunta directo al sistema educativo, que sigue empujando a los jóvenes hacia carreras universitarias de cuatro años en lugar de oficios técnicos.

 

El problema es que ese desajuste no se resuelve de un día para otro. Formar a un electricista certificado, desde que empieza el aprendizaje hasta que obtiene su licencia, toma entre cuatro y cinco años.

 

Las asociaciones del rubro calculan que la industria necesita 349.000 trabajadores más solo este año, una cifra que subiría a 456.000 en 2027.

 

La escasez, en otras palabras, no se va a resolver a la velocidad con la que se están construyendo los centros de datos.

 

Lo que esto significa, en plata y en ansiedad

Es la misma tensión de hace algunas semanas, cuandoFord tuvo que recontratar ingenieros después de que la IA fallara en control de calidad: la automatización avanza más rápido en el discurso que en la práctica.

 

Y es un contrapunto útil frente a la ansiedad que domina la conversación sobre IA y empleo, la misma que alimenta fenómenos como el job hugging, donde cada vez más personas prefieren quedarse quietas en su trabajo actual antes que arriesgarse a buscar algo nuevo en un mercado que sienten frágil.

 

Huang no está diciendo que la IA no destruya empleos de oficina; los propios datos de organismos como la OIT muestran que sí lo hace.

 

Lo que está diciendo es que, mientras eso ocurre en las oficinas, hay otra economía, la que construye, cablea y mantiene la infraestructura física de la IA, que está contratando más rápido de lo que puede encontrar gente calificada. 

 

Y que, contra el sentido común, esa economía paga sueldos de seis cifras sin pedir un título universitario a cambio.

 

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