Por Sofía Gómez
20 / 01 / 2026 | 5 mins de lectura
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20 / 01 / 2026 | 5 mins de lectura
Durante años, crear contenido fue visto como algo informal. Hoy, eso cambió. La creación de contenido es un trabajo cada vez más complejo y observado por marcas, audiencias y empresas, donde surge con fuerza la figura del corporate influencer: personas que amplifican mensajes desde sus propias redes con una credibilidad difícil de reemplazar.
Los creadores ya no se limitan a la publicidad. Influyen en decisiones de salud, finanzas, cultura o bienestar, y recomendar dejó de ser espontáneo para convertirse en una actividad profesional, con impacto económico real.
La creator economy —según Goldman Sachs Research— reúne a cerca de 50 millones de creadores a nivel global y crecería entre 10% y 20% anual en los próximos años. Hoy, el 70% de los ingresos proviene de acuerdos con marcas y solo un 4% de los creadores alcanza niveles profesionales.
Aun así, el mercado podría acercarse al medio billón de dólares hacia 2027.
En Spoiler nos metimos de lleno en este mundo con una pregunta central: ¿cómo la creación de contenido se traduce en trabajo formal, ingresos sostenibles o en un puente para fortalecer otros negocios?
La inquietud es especialmente relevante en un contexto marcado por la automatización y la inteligencia artificial.
Mientras muchos procesos se vuelven replicables por máquinas, la construcción de comunidades, la recomendación con criterio y la conexión humana aparecen como activos difíciles de reemplazar. Crear contenido no solo sobrevive a este cambio: podría ser una de las actividades que mejor se adapta a él.
En todas las historias que recopilamos hay un punto en común: nadie partió con una estrategia de negocio clara. El origen fue el gusto por recomendar, explicar o entretener. El proyecto creció porque había interés genuino y consistencia.
Josefa Izquierdo, La Reina del Dato explica que en un principio lo hizo “Para guardar registro de cómo había sido mi experiencia”.
“Siempre concebí La Reina del Dato como una marca. Cuando partí, esto era un hobby pero empecé a darme cuenta que lo hacía muy bien y que a la gente le gustaba. Se convirtió en una oportunidad de negocio”.
El paso desde el hobby a la marca no fue inmediato, pero sí consciente. En el camino, muchos entendieron que el contenido también se gestiona, se mide y se proyecta.
Otro punto transversal es la importancia de mostrarse. Varios creadores coinciden en que el crecimiento real llegó cuando dejaron el anonimato y pusieron su rostro y su voz al contenido.
“No quería comprometer mi imagen, siempre estuve en el anonimato. Pero me di cuenta de que cada vez que me mostraba, a la opinión del libro le iba mejor porque a la gente le gustaba más mi forma de expresarme mostrándome que por escrito”, explica Chqui Urzúa la persona detrás de Te con Libros.
La credibilidad no se construye solo con datos o recomendaciones, sino con presencia, coherencia y una voz reconocible.
La visibilidad no se queda en las plataformas. En varios casos, el contenido se transformó en un motor directo para negocios tradicionales, servicios profesionales o emprendimientos propios.
“Tengo la agenda copada por tres semanas más, que antes no existía. Mis colegas odontopediatras que tienen clínicas no las están llenando como yo. La gente está dispuesta a pagar lo que yo cobro. No es tanto, pero vienen preparados para eso”, comenta Valentina Pumpin, la cara visible de HappyTooth.
Aquí, las redes funcionan como una vitrina permanente, pero también como un filtro: quienes llegan, ya confían.
Detrás de cada video hay mucho más que improvisación. Guiones, revisión de datos, monitoreo de noticias y una planificación constante forman parte del día a día. En áreas sensibles, esa responsabilidad se vuelve aún mayor.
“El influencer del futuro, y el de hoy también, tiene que ser muy responsable con las cosas que dice. Cada día más nos damos cuenta de que las redes sociales son medios de comunicación que son muy poco observados en comparación a este espacio”, comenta Andrea Hartung
La disciplina aparece como un diferenciador clave.
“Yo subo 7 contenidos al día, todos los días de mi vida, desde que partí. No he parado desde ese entonces. Pueden ser dos historias, dos reels, más un post en LinkedIn, otro en X", relata Francisco Ackermann.
En un entorno saturado de estímulos, captar atención es una carrera contra el tiempo. Pero más allá de los segundos, lo que se construye es comunidad.
“La gente tiene tres segundos para ganar la atención. No podemos llegar a los 0,5 segundos; eso es que ya se acabó todo. No podemos producir con esos niveles de poca atención".
"Creo mucho en la construcción de comunidades. Eso está pegando fuerte. Las aplicaciones centradas en eso están creciendo”, explica Raimundo Zalaquett.
Lo mismo piensa Andrés Tapia, urólogo “La gente necesita conexión. Me pasa en mis consultas. No sirve un computador que te valide todo lo que tú le dices. Es importante la interacción y contraponer un relato. ChatGPT te da una lista, pero necesitas a alguien que te guíe”.
Las historias de este especial muestran que crear contenido dejó de ser un pasatiempo. Hoy es un trabajo real, con costos, riesgos y retornos. También es una señal clara de hacia dónde se mueve el futuro del trabajo: menos lineal, más expuesto y profundamente ligado a la confianza.
Explorar la creator economy no es mirar una moda. Es entender una de las transformaciones laborales más relevantes de los últimos años, contada desde la voz de quienes ya la están viviendo.
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